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Especial: Alebrijes de Oaxaca son un arte, tradición y motor económico de comunidades indígenas del sur de México

spanish.news.cn| 2026-08-15 06:23:31|
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Por Edna Alcántara y Zhai Shurui

OAXACA, México 14 ago (Xinhua) -- En el estado mexicano de Oaxaca (sur), reconocido por su riqueza cultural y diversidad étnica, los alebrijes se han consolidado como uno de los símbolos más representativos de la creatividad popular mexicana.

Estas esculturas de madera, elaboradas principalmente con copal, combinan animales reales e imaginarios y representan no solo una expresión artística y espiritual, sino también una importante fuente de ingresos para cientos de familias artesanas.

La proyección internacional de estas piezas, reforzada en años recientes por su aparición en la película "Coco", ha contribuido a posicionarlas como una de las manifestaciones artesanales más reconocidas de México. Actualmente, los alebrijes de madera forman parte del Patrimonio Cultural de Oaxaca.

La historia de esta tradición se remonta en el estado a 1927 y tiene como figura central a Manuel Jiménez, originario de San Antonio Arrazola e hijo de agricultores.

Según relató su hijo, Isaías Jiménez Hernández, Manuel comenzó a crear figuras de animales desde los ocho años de edad, inspirado por los animales que pastoreaba en los alrededores de Monte Albán.

Inicialmente, trabajó con barro, pero las condiciones climáticas lo llevaron a buscar un material más resistente y así descubrió las posibilidades de la madera de copal, considerada sagrada por las comunidades indígenas de la región y especialmente apta para el tallado.

Durante una visita de Xinhua a su taller, Isaías recordó con orgullo el legado de su padre, un hombre "que dejó una huella imborrable en la cultura oaxaqueña".

"Él nos ha dejado un gran legado en Oaxaca, algo representativo de nuestro país para otros países. El origen se encuentra en San Juan Arrazola", sostuvo.

Manuel Jiménez, fallecido en marzo de 2005 a los 85 años, es reconocido por autoridades culturales y educativas, entre ellas el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Secretaría (ministerio) de Educación Pública, como uno de los principales impulsores de esta tradición artesanal que ha dado notoriedad internacional a Oaxaca.

Mientras trabaja en la talla de un nahual (ser sobrenatural presente en las tradiciones mixtecas y zapotecas) Isaías recordó que su padre vendía sus primeras piezas de puerta en puerta. En una ocasión, un extranjero adquirió todas sus obras por apenas unos centavos, experiencia que lo impulsó a experimentar con el color para darles mayor valor y personalidad.

Ante la falta de pinturas comerciales, recurrió a recursos naturales de su entorno. Utilizaba cortezas de árboles, plantas y cochinilla (gusano de nopal) para elaborar pigmentos, mezclándolos con agua de cal recolectada por su esposa. Posteriormente, incorporó anilinas y, desde la década de 1980, pintura acrílica, lo que permitió una mayor durabilidad y riqueza cromática, explicó.

La decoración también evolucionó. Las primeras figuras presentaban acabados sencillos, mientras que las nuevas generaciones incorporan grecas, geometrías y símbolos inspirados en la cosmovisión mixteca y zapoteca, así como referencias a los tonás y nahuales, considerados seres protectores en diversas tradiciones indígenas.

"Primero, esos colores fueron con colores naturales de árboles, cochinillas, plantas. Conforme pasó el tiempo, la técnica fue evolucionando hasta llegar a lo que ahora es el acrílico y utilizar geometrías y figuras mixtecas y zapotecas", detalló Isaías.

La casa de Manuel Jiménez continúa funcionando como taller y tienda familiar. Recientemente, también fue inaugurado un museo y un espacio educativo en su honor, donde se exhiben piezas históricas, fotografías, reconocimientos, publicaciones periodísticas y documentos que dan cuenta de la trayectoria del artesano.

Actualmente, en el taller trabajan hijos, nietos, bisnietos, sobrinos y sobrinas de Manuel Jiménez, quienes mantienen viva la tradición mediante un trabajo colectivo que respeta las técnicas heredadas.

Uno de los rasgos más distintivos de los alebrijes oaxaqueños es su extraordinaria riqueza visual. Con pinceles finos y gran precisión, los artesanos decoran cada pieza con patrones minuciosos, puntos, líneas y complejas combinaciones cromáticas que transmiten energía, alegría y simbolismo.

El proceso inicia con la selección cuidadosa de la madera de copal. Los artesanos buscan formas naturales que les permitan imaginar la criatura que emergerá de la pieza. El tallado puede extenderse durante días, semanas o incluso meses, dependiendo de la complejidad de la obra.

Tras el esculpido, la figura se deja secar al sol durante varios días. Posteriormente, es lijada y preparada para la fase de pintura, considerada por muchos artesanos como el momento más importante del proceso creativo.

Cada alebrije es único. Las figuras combinan elementos de jaguares, aves, reptiles y otros animales con alas, cuernos, colas o formas fantásticas inspiradas en sueños, mitos y tradiciones indígenas. Para muchos creadores, estas piezas poseen además un significado espiritual y protector.

Hoy, las comunidades de San Antonio Arrazola y San Martín Tilcajete son los principales centros de producción de alebrijes en Oaxaca y dependen en gran medida de esta actividad artesanal.

Desde el punto de vista económico, los alebrijes han trascendido su condición de artesanía tradicional para consolidarse como un producto con presencia en mercados nacionales e internacionales. Su elaboración y comercialización generan empleo, atraen turismo cultural y sostienen a numerosas familias de la región.

El reconocimiento mundial de estas obras ha permitido crear redes comerciales que benefician tanto a los artesanos como a la economía local, fortaleciendo al mismo tiempo la identidad cultural de las comunidades.

Isaías destacó que este legado demuestra cómo una tradición ancestral puede integrarse con éxito en los mercados globales sin perder su esencia.

En 2002, Isaías y su hermano Angélico participaron en representación de su padre en un taller internacional de demostración en Dongyang, en la provincia china de Zhejiang, reconocida por su tradición en tallas de madera.

Durante esa visita fueron reconocidos tanto por autoridades mexicanas como chinas, una experiencia que el artesano recuerda con especial orgullo.

"Los intercambios culturales siempre permiten conocer nuestras raíces. Los concursos o exposiciones hacen que la gente que no viaja mucho de mi país a China o de China a México conozcan un poco de ambos lados y es esencial como países hermanos", concluyó Isaías.

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