(Multimedia) Enfoque en ALC: El futuro de Brasil pertenece únicamente a los brasileños, la defensa de la soberanía en las urnas | Spanish.xinhuanet.com

(Multimedia) Enfoque en ALC: El futuro de Brasil pertenece únicamente a los brasileños, la defensa de la soberanía en las urnas

spanish.news.cn| 2026-10-04 15:22:15|
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Un técnico del Tribunal Electoral Regional prepara una máquina de votación electrónica mientras el responsable de una centro de votación revisa los documentos de verificación del equipo previo a las elecciones generales de 2026, en Brasilia, capital de Brasil, el 3 de octubre de 2026. (Xinhua/Lucio Tavora)

Por Eloyza Guardia

Este octubre es crucial para Brasil, ya que vamos a elegir a nuestro próximo presidente en las elecciones, las cuales no solo conciernen a Brasil, sino que también atraen la atención de toda Latinoamérica e incluso del mundo.

La contienda electoral ha sido muy reñida desde el inicio, algo que es normal en Brasil. Sin embargo, hemos escuchado noticias negativas, como la injerencia de fuerzas externas.

Como periodista brasileña con más de 30 años de trayectoria en medios nacionales, me gustaría compartir varias reflexiones sobre estas elecciones, que también representan las opiniones comunes.

El principio de la soberanía nacional no es un concepto abstracto. El futuro de nuestro país pertenece únicamente a los brasileños y la votación es una decisión exclusiva del pueblo del Brasil.

Independientemente de pasiones partidistas o espectros ideológicos, debe imponerse una verdad irrefutable: la elección de los gobernantes es una prerrogativa exclusiva de sus ciudadanos, por lo que no se aceptan opiniones ni interferencias externas.

En Brasil, esta premisa adquiere una urgencia máxima en tiempos electorales, especialmente bajo el vigente clima de alta polarización, en la víspera a las elecciones que elegirán al nuevo presidente, gobernadores, senadores, diputados federales y regionales.

La arquitectura del derecho internacional, delineada en la Carta de las Naciones Unidas, consagra la igualdad soberana entre las naciones y prohíbe la intromisión en los asuntos internos. En el escenario brasileño, la propia Constitución de 1988 establece la autodeterminación de los pueblos como guía fundamental.

Es saludable que las misiones diplomáticas le den seguimiento al proceso y que exista un diálogo. Lo que cruza la línea de lo aceptable es el uso de presiones políticas encubiertas, amenazas de sanciones económicas o restricciones de visados para intentar moldear el resultado de las urnas.

Como el país ya lo ha reiterado en la Asamblea General de la ONU, la democracia brasileña pertenece únicamente al pueblo brasileño. Tutelar el voto de millones de electores con chantajes externos constituye una afrenta a la madurez política de Brasil.

Asimismo, la integridad de las elecciones en Brasil no depende de "avalismos" ni homologaciones extranjeras. El sistema electoral brasileño posee credibilidad propia y prescinde de "orientaciones" externas.

El Tribunal Superior Electoral (TSE) es el órgano constitucionalmente encargado del registro de partidos, el censo electoral, la operación del voto electrónico y la jurisprudencia sobre delitos electorales. Con una estructura integrada por magistrados y una red de tribunales electorales en múltiples niveles, el sistema de urnas electrónicas de Brasil es ampliamente reconocido en América Latina por su madurez y eficiencia técnica.

Las delegaciones o autoridades extranjeras que buscan juzgar el debate público bajo el pretexto de auditar la "integridad electoral" intentan, en realidad, construir narrativas previas de deslegitimación. En Brasil, las impugnaciones y auditorías responden a un rito legal y cuentan con un tribunal competente para juzgarlas. Las decisiones sobre el proceso electoral nacen y mueren en los tribunales brasileños, y no en los informes de despachos extranjeros.

Hoy en día, la interferencia se ha modernizado y se disfraza en frentes económicos y jurídicos. Las barreras comerciales a los productos brasileños se utilizan para intentar manipular el apoyo popular al Gobierno.

De igual manera, las declaraciones de autoridades externas que critican al Supremo Tribunal Federal (STF), la máxima corte del país sudamericano, o intentan blindar a aliados bajo investigación irrespetan la independencia de los poderes nacionales.

Incluso el discurso sobre la "transparencia" en internet puede convertirse en un arma geopolítica. Cuando las autoridades brasileñas regulan las redes sociales para combatir a la desinformación, el objetivo es proteger al elector. Las críticas provenientes de corporaciones o Gobiernos extranjeros a menudo esconden intereses comerciales y geopolíticos, buscando favorecer candidaturas alineadas con potencias globales.

Si hay algo que debe unir a todas las corrientes políticas en Brasil, es el consenso de que las divergencias deben resolverse internamente. La contienda entre distintos proyectos es el oxígeno de la democracia, pero el único árbitro es el elector brasileño.

Esta postura firme proyecta a Brasil a nivel global. Junto a sus socios de América Latina, el país lidera la resistencia frente a visiones obsoletas de tutela regional. El mensaje para el mundo es claro y directo: la época en que el futuro de Brasil se decidía fuera de sus fronteras ha quedado en el pasado.

(Las opiniones expresadas en este artículo son de la autora y no necesariamente reflejan la postura de la Agencia de Noticias Xinhua)

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