
FUZHOU, 9 dic (Xinhua) -- Yang Qingshan sabe que las energías renovables pueden beneficiar tanto a los ricos como a los pobres.
Este criador de orejas de mar del este de China se ha hecho rico suministrándole este tipo de marisco de lujo a los restaurantes a los que acuden los comensales más acaudalados.
Sin embargo, no lo hubiera conseguido sin las 19 enormes turbinas eólicas instaladas cerca de su criadero de pescado en la ciudad de Putian, en la provincia oriental china de Fujian.
La energía eólica ha estando proporcionando un suministro eléctrico estable a Yang y a más de 50.000 resdientes de la isla de Nanri ("el sol del sur" en chino mandarín) desde 2006.
"Para criar orejas de mar es muy importante que la temperatura se mantenga estable, por lo que el suministro eléctrico es necesario", explicó Yang.
Lin Yushu, funcionario de la comisión local de desarrollo y reforma, señaló que la energía eólica también llega a los hogares de otros pueblos de Putian a través de cables submarinos.
Putian, con una población de más de tres millones de personas, es famosa por sus zapatos y sus industrias de procesado de alimentos y de electrónica, entre otras.
Está previsto que se instalen otras 57 turbinas eólicas en Nanri el año que viene.
"La electricidad generada en un año por una de las turbinas de 850 kilovatios es suficiente para cubrir las necesidades residenciales y de negocios de los residentes locales", aseguró Lin.
Las plantas de energía eólica no sólo están ayudando a los ciudadanos chinos que viven en algunas de las regiones más expuestas al viento en las costas y en el norte del país a obtener más ingresos, sino que también están contribuyendo a mantener limpios pueblos como Nanri.
"Las turbinas eólicas instaladas en el mar, incluyendo las 57 que se colocarán en Nanri, permitirán ahorrar 67.000 toneladas de carbón cada año, lo que a su vez reducirá las emisiones anuales de dióxido de carbono anuales en casi 94.000 toneladas", añadió el funcionario.
La planta eólica en alta mar de Nanri es una de las más de 100 que se han construido en China en los últimos cinco años como parte de los esfuerzos del país asiático por reducir su dependencia del carbón como fuente de energía.