BRASILIA, 16 nov (Xinhua) -- Brasil firmó el pasado octubre junto a otros cuatro países del Hemisferio Sur (Bolivia, Ecuador, Paraguay y Timor Leste) un acuerdo para la erradicación del trabajo infantil antes del año 2020, con el apoyo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
La directora del Programa Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil, Michele Jankanish, destacó los esfuerzos que está realizando Brasil para luchar contra el trabajo infantil, así como el trabajo forzado de niños y adolescentes.
"Brasil ha logrado generar nuevas capacidades y ha aumentado sus esfuerzos", señaló.
Según los últimos datos disponibles del Instituto Nacional de Geografía y Estadísticas (IBGE), el porcentaje de niños de entre 5 y 17 años que trabajaban en 1992 era del 19,6 por ciento, mientras que en 2001 la cifra cayó hasta el 12,7 por ciento.
Además, el número de menores en esa franja de edad que asistían a la escuela aumentó desde el 75,8 por ciento hasta el 89,7 por ciento en ese mismo período.
De los niños y adolescentes que trabajan, el 65,2 por ciento lo hacen al menos 40 horas semanales, y la mayoría no asiste a la escuela.
El estudio del IBGE de 2001 revela muchas otras características del trabajo infantil en Brasil, lo que no ocurre con los otros países signatarios del acuerdo firmado en octubre, por lo que uno de los objetivos del proyecto es promover un estudio detallado del problema en Bolivia, Ecuador, Paraguay y Timor Leste.
Las actividades que se llevarán a cabo en esos países para prevenir y eliminar el trabajo infantil y reforzar la protección social buscarán cumplir los objetivos establecidos en la Agenda Hemisférica por el Trabajo Decente en las Américas.
Historia de una vida
Etelca Vieira dos Santos, una brasileña de 30 años, contó a Xinhua que comenzó a trabajar cuando tenía sólo seis años en el estado de Mato Grosso do Sul (centro oeste de Brasil), cuando se mudó desde el campo a la ciudad con su familia, y que fue "entregada" a otra familia, para la que debía trabajar a cambio de alojamiento y comida.
"Era explotada y aún así pasaba necesidades. La situación era tan cruel que me fugué de esa casa cuando tenía 8 años. Busqué a mi madre y la encontré, pero en cuanto pudo me dio a otra familia en Campo Grande", recordó.
Desde entonces, vivió otros siete años con esta familia en Campo Grande, la capital matogrossense, trabajando desde las 5 de la mañana a las 10 de la noche sin recibir ninguna paga.
"He sido humillada, pasé hambre, no conocía a nadie en la ciudad. Era maltratada desde que me levantaba hasta que me iba a dormir", relata.
Según datos del Estudio Nacional de Muestra de Domicilios, el 45,2 por ciento de los menores de entre 5 y 17 años que trabajaban en 2001 eran empleados o trabajadores domésticos, y el 41,2 por ciento no recibían salario.
Afortunamente, Etelca consiguió al menos estudiar cuando era niña, y considera positivo el hecho de que el trabajo la mantuviera lejos de las drogas y la prostitución, un destino muy común en jóvenes sin medios de subsistencia en Brasil.
"Pero perdí mi infancia y mi adolescencia, me volví una persona madura muy rápido, asumiendo responsabilidades que no corresponden a una niña. Y lo peor fue la humillación y la falta de libertad para ir y venir y para expresarme", se lamenta.
A los 15 años, finalmente encontró una familia que le ofreció unas condiciones de trabajo aceptables, y desde entonces es remunerada por su trabajo.
"Estoy trabajando en un restaurante y me encanta. Mi plan es ir a Sao Paulo dentro de tres años para trabajar con chefs reconocidos y volver a Campo Grande para abrir mi propio negocio. Soñar es gratis, ¿no?", dice.
Etelca todavía puede hacer planes y soñar con el futuro, aunque dice que la falta de una infancia normal le ha causado problemas psicológicos que la perturban.
En su opinión, para que se erradique completamente el trabajo infantil, "la base de todo es la inversión en la educación y el respeto de los derechos humanos".