BARCELONA, España, 17 sep (Xinhua) -- El ritmo del cambio climático supera con creces la capacidad de adaptación en las ciudades europeas, sostuvo la coautora del último informe Lancet Countdown sobre salud y cambio climático en las urbes de Europa, Cathryn Tonne, en una reciente entrevista exclusiva con Xinhua.
El informe, publicado este mes en la revista de salud pública "The Lancet Public Health", utilizó datos de 58 expertos de 31 instituciones académicas para evaluar los avances en materia de salud y cambio climático en unas 850 ciudades europeas, donde residen tres de cada cuatro europeos.
"Se están llevando a cabo muchas iniciativas en las ciudades para adaptarse al cambio climático y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero; sin embargo, observamos que el ritmo del cambio climático es mucho más rápido que la capacidad de adaptación de las urbes", afirmó Tonne, quien se desempeña como profesora de investigación del Instituto de Salud Global de Barcelona y codirectora de Lancet Countdown Europe.
Aunque el informe revela que el 88 por ciento de las ciudades estudiadas ha adoptado medidas para reducir el calor, estas resultan insuficientes para mitigar los crecientes efectos negativos del cambio climático en la salud de sus habitantes.
"Existen aspectos importantes susceptibles de mejora, como aumentar la superficie arbolada o facilitar el acceso al transporte público y a formas de movilidad activa; asimismo, es fundamental garantizar que estas opciones sean seguras y atractivas, por ejemplo, dotando a los carriles bici de sombra y seguridad a medida que aumentan las temperaturas", añadió la profesora.
El informe señala que Europa se enfrenta a una crisis de salud pública cada vez mayor, al ser el continente que más rápido se calienta, y destaca que los habitantes de las ciudades del sur de Europa son especialmente vulnerables a los impactos climáticos.
En España, por ejemplo, más de la mitad de la población reside en ciudades; cerca del 40 por ciento de la población urbana se concentra en las tres ciudades más grandes: Madrid, Barcelona y Valencia, mientras que el 27,5 por ciento vive en otras 16 grandes urbes.
Para la codirectora, las ciudades españolas han avanzado en la lucha contra la contaminación atmosférica gracias a "los esfuerzos por descarbonizar el sistema energético", si bien subraya que "el transporte público y la movilidad activa son ámbitos con un gran margen de mejora".
En 2022, por ejemplo, las ciudades españolas obtuvieron resultados insuficientes en la clasificación de transporte sostenible, que mide la facilidad con la que los residentes pueden desplazarse a pie, en bicicleta o en transporte público, con una puntuación media de 5,3 sobre 10 (cuando 7 sobre 10 se considera una buena nota), mientras que la infraestructura ciclista cubría solo el 11 por ciento de las vías urbanas.
Una preocupación importante es el aumento relativamente alto de la mortalidad relacionada con el calor en las ciudades del sur de Europa, que se incrementó un 161 por ciento en la última década con respecto al periodo de referencia 1991-2000, una cifra superior a la registrada en el resto de las regiones del continente.
En España, la media anual de muertes relacionadas con el calor aumentó en 95,4 casos por millón entre 2015 y 2024 en comparación con el periodo 1991-2000; la cifra más elevada se registró en la ciudad costera mediterránea de Castellón de la Plana, que experimentó un aumento de la mortalidad del 553 por ciento, pasando de 25,7 muertes por millón en el periodo de referencia a 168,1 en la década 2015-2024.
"Observamos los efectos del calor en muy diversos aspectos de la salud. Supone un riesgo especial para las personas mayores, los niños y también las mujeres embarazadas. Existen, por tanto, diversas consecuencias posibles para la salud, pero sabemos que el calor mata y observamos niveles realmente elevados de mortalidad atribuible a él", añadió la profesora.
Asimismo, la experta destacó la necesidad de cooperación entre todos los niveles de Gobierno para seguir reduciendo las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y proporcionar más apoyo financiero a las ciudades, las cuales, en 2024, financiaron por cuenta propia el 94,5 y el 63,3 por ciento de las medidas de adaptación y mitigación, respectivamente.












