RÍO DE JANEIRO, 16 oct (Xinhua) -- Brasil abrió una nueva etapa en sus relaciones laborales con la promulgación de una reforma constitucional que pone fin a la escala 6x1, el régimen que permite trabajar seis días consecutivos y descansar uno, y establece dos días de descanso remunerado por semana, una medida que busca mejorar la calidad de vida de los trabajadores y favorecer la conciliación entre el empleo y la vida familiar.
La Enmienda Constitucional 141, promulgada este viernes por el Congreso Nacional, establece una transición hacia una semana laboral de cinco días de trabajo y dos de descanso, sin reducción salarial. La jornada máxima semanal bajará progresivamente de las actuales 44 horas a 40 horas.
El cambio representa una transformación significativa para sectores como el comercio, la hostelería y los servicios, donde los horarios de seis días de trabajo por uno de descanso forman parte de la organización habitual de numerosas empresas.
Uno de los principales impulsores de la movilización social contra este sistema es Rick Azevedo, antiguo dependiente de farmacia y fundador del movimiento Vida Além do Trabalho (Vida más allá del trabajo), que contribuyó a situar en el centro del debate público las dificultades de quienes disponen de poco tiempo para descansar, estudiar o convivir con sus familias.
Azevedo ha defendido que el fin de la escala 6x1 constituye una reivindicación laboral que debe superar las divisiones políticas. "Es una cuestión específica de la clase trabajadora", afirmó en declaraciones a Xinhua, para referirse al carácter social de la iniciativa.
El alcance potencial de la medida es considerable. Un estudio del Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos (DIEESE), elaborado a partir de datos de la Encuesta Nacional por Muestra de Domicilios del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) correspondientes a 2025, estima que 26,8 millones de trabajadores podrían beneficiarse del fin de la escala 6x1 y de la reducción de la jornada máxima semanal.
De ese total, unos 22 millones son trabajadores formales, equivalentes al 54 por ciento de los empleados con contrato registrado, mientras que alrededor de 4,8 millones trabajan en la informalidad y cumplen jornadas superiores a 40 horas semanales.
La reforma también plantea el desafío de adaptar la organización de las empresas a los nuevos límites, especialmente en los pequeños negocios, que pueden tener menos recursos para contratar personal adicional o modificar sus horarios.
En este contexto, el economista Bruno Imaizumi, de la consultora 4intelligence y especializado en el mercado laboral brasileño, señaló a Xinhua que el impacto económico dependerá de las características de cada sector. "Los efectos son complejos y heterogéneos. Es difícil homogeneizar una situación que es muy diferente entre los sectores", afirmó.
El economista también explicó que existe una diferencia entre las horas previstas en los contratos y las que los trabajadores cumplen efectivamente, un factor que puede influir en el impacto de la reforma. "Buena parte de estos trabajadores no trabaja, pese a tener ese contrato, 44 horas. Por eso, los efectos del fin de la escala 6x1 tienden a ser menores", sostuvo.
La adaptación dependerá, entre otros factores, de la organización de los turnos, la capacitación de los trabajadores y las inversiones destinadas a mejorar los procesos productivos. En actividades que requieren atención continua, las empresas tendrán que encontrar fórmulas que permitan mantener el servicio y garantizar los nuevos períodos de descanso.
El Gobierno brasileño estudia mecanismos de apoyo para las empresas más afectadas, incluidas posibles líneas de crédito y programas de capacitación para facilitar la modernización de sus operaciones, especialmente en los negocios de menor tamaño.
La transición está previsto que comience en diciembre de 2026, con una reducción progresiva de la jornada máxima semanal hasta alcanzar las 40 horas, de acuerdo con el calendario de aplicación de la reforma. Fin













