Por José Gabriel Martínez y Ricardo Montoya
MÉXICO, 20 oct (Xinhua) -- Entre estantes repletos de catrinas, calaveras pintadas y figuras de perros, un taller familiar de Tonalá, en el área metropolitana de Guadalajara, capital del occidental estado mexicano de Jalisco, trabaja a ritmo de temporada por la inminente llegada de las celebraciones del Día de Muertos.
Al frente del taller está María Luisa Oceguera, quien supervisa lo que se produce y lo que falta, y recibe los pedidos en el celular.
"Ahorita, como es la temporada, sí se vende mucho la catrina, los alebrijes, todo eso que se usa en los altares", dijo en entrevista con Xinhua.
El negocio no nació con esas figuras, sino que comenzó con lámparas y jarrones de barro, hechos en torno y en molde, y pintados con acabados de marmoleado y de granito, en línea con la tradición alfarera por la que el municipio de Tonalá es conocido.
El rumbo cambió después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, cuando las ventas cayeron.
"Como teníamos muchos clientes por allá, también bajaron, y tuvimos que estarle buscando", recordó Oceguera.
La familia probó entonces con lámparas de madera y otras piezas de cerámica, hasta incorporar las catrinas, su principal sello distintivo desde hace varios años.
Hoy, los tamaños de las creaciones del taller son tan variados como los pedidos.
"Hay (catrinas) desde muy pequeñitas, de 17 centímetros, hasta de dos o tres metros, según pidan", explicó Oceguera.
Ante la reconocida calidad artesanal de las piezas del taller familiar, la demanda de catrinas monumentales se ha repetido con cierta frecuencia en los últimos años.
"El año pasado hicimos una de tres metros. Y ahorita también quieren una de tres metros", contó Oceguera, cuya hija trabaja en estos días en otra figura de dos metros, según comentó.
La elaboración de las catrinas se hace por etapas: primero se cortan las piezas de varias figuras a la vez y luego se arman, se empapelan y se visten.
"Por eso no sabemos el tiempo que se lleva nomás en una, porque se agarra por partes", señaló.
En cuanto a los diseños, Oceguera precisó que siguen la moda del momento.
"Por ejemplo, si va a ser tiempo de los mariachis, pues ya hacemos de los mariachis", explicó, a la vez que ponderó que la oferta del taller abarca desde modelos sencillos hasta piezas más complejas.
"Hay gente para todo, porque unos las quieren más sencillitas, por más económicas, y ya entre más elaboradas, pues ya es otro precio más elevado", indicó.
El trabajo en el taller de Oceguera es colectivo. Uno de sus hijos se encarga de las piezas de perros decorados y cada integrante aporta propuestas.
"Yo les enseñé, ellos aprendieron, y así le vamos metiendo ideas y más ideas al negocio (...) Por eso hay tanta variedad de modelos y estilos, porque trabajamos unos con otros", afirmó.
Con el reconocimiento ganado en redes sociales, la artesana dijo sentirse orgullosa y satisfecha "porque sí está funcionando muy bien" el negocio.
"Como se va difundiendo, viene mucha gente de todo el país a visitarnos, y unos llevan para sus altares, otros para vender", añadió.
Las catrinas forman parte de los altares que millones de familias mexicanas montan para recordar a los difuntos el 1 y 2 de noviembre.
El personaje surgió de la "Calavera Garbancera" del grabador José Guadalupe Posada, a principios del siglo XX, y fue popularizado como "Catrina" por el muralista Diego Rivera en 1947.
En 2008, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) inscribió las fiestas dedicadas a los muertos de México en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Fin









