MUANÁ, Brasil, 28 oct (Xinhua) -- En la Isla de Marajó, en el estado amazónico de Pará (norte de Brasil), una nueva iniciativa está transformando la vida de cientos de familias ribereñas dedicadas al cultivo del asaí, fruto emblemático de la Amazonia y cada vez más demandado en los mercados internacionales.
El proyecto "Sustenta e Inova", desarrollado por la Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa) con apoyo de la Unión Europea, impulsa el manejo sostenible de los asaizales nativos en la región del estuario amazónico. La propuesta busca aumentar la productividad del fruto sin causar daño ambiental y con respeto a la diversidad de especies que conviven en el bosque.
"En la década de 1990, el principal producto de la palmera de asaí era el palmito; el fruto se consumía apenas en las comunidades locales", explicó a Xinhua José Antônio Leite, ingeniero forestal y analista de la Embrapa.
"Con el aumento de la demanda nacional e internacional, los ribereños comenzaron a talar árboles para ampliar las áreas de producción, lo que representaba un riesgo ambiental. Entonces creamos una técnica de manejo de mínimo impacto para mantener la biodiversidad y mejorar la producción", añadió.
Gracias a ese manejo, los rendimientos se multiplicaron. La producción promedio pasó de una tonelada por hectárea en áreas naturales a hasta seis toneladas por hectárea en áreas manejadas. Además, el asaí, antes disponible solo durante cuatro meses, ahora puede cosecharse durante todo el año, garantizando ingresos estables para las familias.
El sistema se basa en mantener un equilibrio entre la cantidad de palmeras y otras especies de árboles en el bosque.
"La luz debe llegar tanto al suelo como a las hojas del asaizeiro; si no hay suficiente luminosidad, no hay fruto", explicó Leite.
"El productor aprende a 'sentir' el bosque, a reconocer el punto de equilibrio entre sombra y luz que favorece la producción sin degradar la selva", indicó.
Uno de los protagonistas de este cambio es Alcindo Moraes da Silva, agricultor ribereño de 48 años que vive en Marajó. Su propiedad fue una de las seleccionadas por Embrapa en 2016 para aplicar el nuevo método.
"Antes, nosotros cortábamos todos los árboles y dejábamos solo las palmeras. Ahora sabemos que esas otras especies ayudan a refrigerar el ambiente, a mantener la humedad del suelo y a mejorar la calidad del fruto", relató a Xinhua.
Los resultados fueron inmediatos: la producción de Moraes da Silva aumentó de 500 a 2.500 latas de asaí por año, multiplicando por cinco sus ingresos. "Hoy tenemos una vida mejor. Antes pasábamos dificultades entre las cosechas, pero ahora cosechamos todo el año. Pude comprar un terreno en la ciudad y estoy construyendo una casa de tres pisos, todo gracias al asaí", contó orgulloso.
El proyecto de Embrapa cuenta con la colaboración de la EMATER, el servicio estatal de extensión rural, encargado de difundir la técnica entre los productores. Solo en el municipio de Breves, el mayor de Marajó, más de 3.000 agricultores ya recibieron capacitación.
"No tenemos capacidad para llegar a todos los ribereños, por eso dependemos del trabajo de la EMATER. Pero el avance ha sido significativo", afirmó Leite.
El ingeniero destacó que, si el manejo sostenible se adoptara de forma generalizada, la producción podría duplicarse en poco tiempo, pasando del promedio actual de 1,7 toneladas por hectárea a 3 toneladas. "Eso permitiría atender el creciente mercado mundial sin necesidad de expandir la frontera agrícola ni sustituir la selva por monocultivos", subrayó.
La expansión global del asaí coincide con un momento de auge del fruto amazónico, cuyas propiedades antioxidantes y valor nutritivo han despertado interés en países como China, Estados Unidos o la Unión Europea.
"La manera de consumir es diferente: aquí lo tomamos fresco, por placer; en el exterior, lo consumen por sus beneficios a la salud", comentó Leite.
Aunque las exportaciones todavía son modestas (unas 25.000 toneladas de pulpa al año, el equivalente a apenas 3 por ciento del fruto cosechado), la expectativa es que la demanda crezca rápidamente.
"El mercado chino está aumentando el consumo y ya se están abriendo nuevas tiendas en el país. Esperamos que la COP30 (30ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), que reunirá en Belém a líderes del mundo entero, ayude a difundir aún más el asaí y la bioeconomía amazónica", dijo el investigador.
Más allá de los números, el impacto social es evidente. En comunidades antes aisladas, el asaí se ha convertido en símbolo de prosperidad sostenible.
"Hoy tenemos trabajo todo el año, empleamos vecinos y vivimos del bosque sin destruirlo", resumió Alcindo Moraes da Silva, mirando sus palmeras cargadas de racimos oscuros y brillantes.
Para la Embrapa, el éxito de Marajó es un ejemplo de cómo el conocimiento científico puede transformar realidades locales y fortalecer una economía forestal sustentable. "El así representa la posibilidad concreta de que la selva viva valga más que la selva muerta", concluyó Leite.







