SAO PAULO, 15 ene (Xinhua) -- El acuerdo comercial entre el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE) abre oportunidades para un mayor acceso a los mercados, integración en cadenas globales de suministro y fortalecimiento geopolítico, pero también enfrenta resistencias y asimetrías que podrían condicionar su implementación, consideraron este jueves expertos brasileños.
Para analizar el acuerdo entre el Mercosur y la UE, el cual creará la zona de libre comercio más grande del mundo y que de manera tentativa podría entrar en vigor en el segundo semestre de este año, Xinhua consultó a dos expertos brasileños en el tema.
El profesor universitario de la Fundación Getulio Vargas, Márcio Holland, evaluó que aunque el acuerdo comercial se encuentra en una fase avanzada, todavía está expuesto a riesgos políticos e institucionales.
El también economista consideró, sin embargo, que es "limitada" la posibilidad de "cambios sustanciales" a su contenido, una vez que el texto negociado ya recibió el aval del Consejo de la UE para su firma.
Para Holland, todavía persisten "incertidumbres relevantes" en el proceso de ratificación del acuerdo comercial en cuanto a su implementación.
El economista opinó que el principal riesgo se centra en el Parlamento Europeo, donde "la resistencia de segmentos agrícolas europeos, especialmente en Francia y en otros países con fuerte 'lobby' (cabildeo) rural, puede influir en el voto parlamentario, sobre todo en temas ligados a la competencia agrícola y a los estándares sanitarios y ambientales".
Holland explicó que la estrategia jurídica de dividir el acuerdo en un instrumento comercial interino y en un acuerdo de asociación más amplio, acelera la entrada en vigor parcial, aunque "esa aproximación también puede generar cuestionamientos jurídicos y resistencia política dentro de la propia Unión Europea".
En cambio, en el Mercosur, los procesos de ratificación doméstica están sujetos a disputas internas, aunque el riesgo de bloqueo total es menor que en Europa, según la evaluación del experto.
Frente a los plazos, el profesor Holland proyectó la firma de manera formal este mismo año y una entrada en vigor interina de la parte comercial entre 2026 y 2027, mientras que la implementación plena la observa en un horizonte más largo, quizás a partir de 2028.
En términos de impactos, el economista afirmó que el acuerdo amplía el acceso preferencial europeo a un mercado relevante para bienes industriales, automóviles, máquinas, productos químicos, fármacos y servicios.
"Desde el punto de vista estratégico, el acuerdo contribuye a la diversificación de proveedores y a la reducción de riesgos geopolíticos en cadenas globales de suministro", dijo Holland.
Advirtió, sin embargo, que los costos políticos se concentran en el sector agrícola europeo, razón por la cual combina períodos largos de "desgravación" y mecanismos de "salvaguarda".
Señaló que en el caso concreto del Mercosur, los beneficios se concentran en el acceso preferencial al mercado europeo para productos agroindustriales con potencial de aumento de exportaciones e inversiones.
Alertó, a su vez, que la industria regional enfrentará mayor competencia de manufacturas europeas, lo que vuelve cruciales el ritmo de apertura y las reglas de origen, además de considerar que las exigencias ambientales pueden elevar los costos y favorecer a productores más capitalizados.
Por su parte, el coordinador en política y relaciones internacionales en el centro de estudios Fundación Escuela de Sociología y Política de Sao Paulo (FESPSP), Alexandre Coelho, consideró también que el acuerdo Mercosur-UE se encuentra en una etapa avanzada pero sin concluir.
Coelho explicó para Xinhua que la aprobación del paquete por parte del Consejo de la UE marca el cierre sustantivo de la negociación.
"Lo que viene ahora son las etapas formales de firma y ratificación, además de la regulación de cómo el acuerdo será aplicado", enfatizó.
El académico detalló que el diseño en dos instrumentos jurídicos introduce una dinámica diferenciada de entrada en vigor, al señalar que el acuerdo interino depende solo de las instituciones europeas, mientras que el más amplio de asociación exige la ratificación de los parlamentos nacionales.
"Las incertidumbres políticas se concentran en tres frentes: el Parlamento Europeo, la ratificación nacional en la Unión Europea y el propio Mercosur", enumeró Coelho.
Consideró también como poco probable una reapertura del núcleo del acuerdo, pero anticipó ajustes en su implementación.
"Reabrir el núcleo duro del acuerdo es políticamente muy improbable, dada la fatiga de negociación de más de dos décadas. Por otro lado, revisiones indirectas vía regulaciones complementarias, salvaguardas o cláusulas ambientales más duras, no solo son posibles, sino probables", dijo.
Para Coelho, el acuerdo reforzará las relaciones birregionales y la integración de las cadenas de valor.
"En el campo de las cadenas globales de suministro, la tendencia es hacia una integración más profunda entre la base de recursos del Mercosur y la estructura industrial europea. Esto puede traducirse en más inversiones europeas en el procesamiento local de materias primas, en clústeres industriales en América del Sur y en acuerdos de suministro a largo plazo", explicó.
Como ejemplo, mencionó la posibilidad de una "mayor previsibilidad arancelaria y regulatoria para reducir el costo de transacción en las cadenas de valor que vinculan, por ejemplo, el agronegocio sudamericano con la industria alimentaria europea, o el sector minero del Mercosur con la industria de baterías y de vehículos eléctricos de Europa".
En cuanto a los países fuera del bloque, el impacto es "ambivalente", dijo.
Coelho dijo que economías que compiten con el Mercosur en la exportación de materias primas hacia Europa podrían perder participación de mercado, dependiendo del grado de preferencia arancelaria concedido, mientras que los países que exportan manufacturas al Mercosur enfrentarán una competencia reforzada de la industria europea con aranceles más bajos.









